Humanidades Digitales

Historia de las Humanidades Digitales

La Historia se divide en una serie de momentos o épocas que están definidas por unas características comunes. En el caso de las Humanidades Digitales también se han establecido una serie de etapas que permiten conocer cuál ha sido su evolución. Susan Hockey, en el capítulo «The History of Humanities Computing» [1] de la obra A companion to Digital Humanities (2004) [2], establece hasta cuatro etapas diferentes: «Beginnings: 1949 to early 1970s», «Consolidation: 1970s to mid-1980s», «New Developments: Mid-1980s to Early 1990s» y «The Era of the Internet: Early 1990s to the Present» [3]. Por su parte, Anaclet Pons, en El desorden digital: guía para historiadores y humanistas (2013), establece tres periodos diferentes: «Literary & Linguistics Computing», «Humanities Computing» y «Digital Humanities».

En el primer caso se observa cómo la autora recoge la historia de la disciplina cuando se engloba bajo el paraguas de las Humanities Computing. En este caso, es necesario añadir una etapa extra, que nombraré «Desde el 2004 hasta la actualidad», que englobe todo el desarrollo en la disciplina desde que se publicara la obra A companion to Digital Humanities hasta nuestros días. Sin embargo, la exposición del segundo autor permite observar mejor cómo si divide el pasado de la disciplina y cómo ha ido evolucionando su nombre con el paso del tiempo y, por tanto, conocer esos elementos comunes que permiten diferenciar unas etapas históricas de otras. A pesar de estas divergencias, se puede establecer una correlación entre ambos planteamientos (véase la Tabla 1):

Susan HockeyAnaclet Pons [4]
Beginnings: 1949 to early 1970sLiterary & Linguistics Computing (1949-1980)
Consolidation: 1970s to mid-1980sLiterary & Linguistics Computing (1949-1980)
New Developments: Mid-1980s to Early 1990sHumanities Computing (1980-1995)
The Era of the Internet: Early 1990s to the Present (2004)Digital Humanities (desde 1995)
Desde el 2004 hasta la actualidadDigital Humanities (desde 1995)
Tabla 1. Etapas históricas de las Humanidades Digitales (elaboración propia)

A continuación, partiendo de estas consideraciones previas se expone brevemente el recorrido histórico de las Humanidades Digitales. Para ello, se parte de la división expuesta por Anaclet Pons (2013), pues es mucho más clara y acorde a la evolución de la disciplina, ya que permite ver también cómo el nombre se amolda a los planteamientos y a las investigaciones desarrollados en las diferentes etapas.

Literary & Linguistics Computing (1949-1980)

Las disciplinas académicas, al igual que la Historia, siempre tienen un punto inicial a partir del cual se desarrollan. En el caso de las Humanidades Digitales, toda la tradición establece que el punto de partida fue en 1949 cuando un sacerdote jesuita italiano, Roberto Busa, se propone crear un índice de concordancia de las obras de Tomás de Aquino. Para llevar a cabo tan ingente trabajo contacta con una de las principales compañías informáticas de la época, IBM, y el resultado es la publicación, quince años más tarde, del Index Thomisticus en tarjetas perforadas. Esta decisión, de la cual en 2019 se cumplieron 70 años, fue la primera ocasión en que se utilizó un ordenador para llevar a cabo una investigación en el área de las humanidades.

En los siguientes años, fueron numerosos los investigadores que se concentraron en el análisis textual, sobre todo desarrollando concordancias. Por ejemplo, en el Reino Unido, Roy Wisbey desarrolló numerosos índices de concordancias de textos de la Alta Edad Media en Alemania, y, en Estados Unidos, Stephen Parrish desarrolló las concordancias de los poemas de Matthew Arnold (Schreibman et al., 2004). Todos estos proyectos, según Vinck (2018), normalizaron la construcción de los corpus basándose en unos principios estadísticos explícitos.

Al mismo tiempo, comienzan a crearse los primeros centros dedicados al desarrollo de este tipo de proyectos, como el centro de procesamiento de documentos electrónicos de Lovaina la Nueva en 1968 o el Instituto Holandés de Lexicología. También se llevaron a cabo compilaciones de diccionarios como el Trésor de la Langue Française.

Todos los avances que se iban consiguiendo gracias a la utilización de los recursos informáticos permitieron que los autores comenzaran a desarrollar estudios estilométricos, es decir, que empezaran a estudiar cuantitativamente el estilo de los autores y, en algunos casos, que detectaran si un texto había sido escrito verdaderamente por un autor o no. Por ejemplo, Andrew Morton publicó un artículo donde defendía que San Pablo solo escribió cuatro de sus cartas (Schreibman et al., 2004, p. 5).

Sin embargo, todo el trabajo que había que desempeñar con los medios de la época hacía que la investigación fuera, en muchos casos, difícil de llevar a cabo, sobre todo en lo relativo a la codificación. Para intentar dar respuesta a alguno de estos problemas, se desarrollan programas como el de concordancia COCOA, que permitía al usuario definir una especificación para la estructura del documento para que coincidiera con el conjunto de documentos que se iban a analizar.

Por estas razones, en las revistas académicas comienzan a publicarse trabajos sobre «la codificación de los manuscritos, la clasificación automatizada de las concordancias, la consideración de variantes ortográficas, de programación, la lexicografía, la estilística, la edición de textos, la enseñanza de idiomas y el archivo de documentos electrónicos» (Vinck, 2018). Fruto de todos estos avances y consideraciones nace en 1966 la revista Computers and the Humanities, donde comienzan a presentarse estos trabajos.

Asimismo, comienzan a celebrarse las primeras conferencias, como la organizada por IBM en 1964 cuyos resultados fueron editados por Jess Bessinger y Stephen Parrish un año más tarde bajo el título Literary Data Processing Conference Proceedings. A partir de entonces, fueron muchas otras las celebradas como las de Edimburgo (1972), Cardiff (1974), Oxford (1976), Birmingham (1978) y Cambridge (1980), que posibilitaron la creación de la Association for Literary and Linguistic Computing (ALLC) en 1973.

No solo el campo de la literatura se interesó por el avance que suponía la aplicación de las nuevas tecnologías en una disciplina humanística. Ya en 1967, según Vinck (2018), Leroy Lardurie expone que los historiadores del futuro también tendrán que ser programadores. Esta nueva realidad no tardaría en intentar ser implementada, pues en 1974 dos historiadores realizaron un estudio sistemático del sistema de esclavitud racial americano «mediante el recuento de los hechos, lo que incluye el número de veces que se azotaba a un esclavo, para evaluar la viabilidad económica del sistema» (Vinck, 2018). Sin embargo, las críticas que sufrió el proyecto hicieron que el desarrollo de otros nuevos decayera sin llegar a cumplirse la profecía de Lardurie.

En la década de los 70 comienza a consolidarse la investigación y en el ámbito anglosajón, sobre todo en Estados Unidos y Reino Unido, donde se crean los primeros centros dedicados al desarrollo de proyectos de «Humanities Computing». Al mismo tiempo, se planteó la necesidad o no de impartir docencia en programación en las enseñanzas humanísticas.

También se crean nuevas publicaciones especializadas, como la revista Literary and Linguistic Computing, muy ligada al ámbito de la lingüística y la filología, editada por la ALLC/ACH, y siguen celebrándose encuentros como las International Conference on Computing in the Humanities (ICCH). Fruto de esta serie de conferencias se funda en 1978 la Association for Computers and the Humanities (ACH).

En el ámbito tecnológico se siguen produciendo avances destacables como son la segunda versión del programa de concordancias COCOA y el desarrollo del proyecto Oxford Text Archive (OTA) en 1976 con el fin de almacenar los textos electrónicos desarrollados a partir de trabajos de investigación y evitar así su pérdida. Al mismo tiempo, este proyecto permitía que otros investigadores pudieran utilizar los recursos almacenados en sus trabajos. Un ejemplo de esta herramienta fue el Thesaurus Linguae Graecae (TLG), un proyecto desarrollado por la Universidad de California y dirigido por Theodore Brunner, que consistía en una base de datos de 70 millones de palabras de textos de la Grecia Antigua, desde Homero hasta el año 600 (Schreibman et al., 2004; Vinck, 2018).

Humanities Computing (1980-1995)

Mientras que en la década de los 70 se desarrolló el programa de concordancias COCOA, en los primeros años de los 80 se trabajó en el software Oxford Concordance Program (OCP). Estos programas permitieron que se siguieran realizando estudios sobre concordancias y las investigaciones iniciales que permitieron el nacimiento de la disciplina siguieron teniendo un papel muy importante en su desarrollo.

Además, la llegada de los ordenadores personales (IBM PCs y Apple Macintoshes) y el desarrollo de software genérico propiciaron que los investigadores no tuvieran que aprender a programar y, en consecuencia, facilitó la llegada de académicos a este nuevo campo. Se crearon, a su vez, las primeras listas de distribución, lo que permitió el contacto entre los investigadores e hizo accesible que compartieran sus trabajos de una forma mucho más rápida y útil.

Asimismo, se siguieron creando nuevos centros dedicados a las «Humanities Computing» como el Norwegian Computing Center for the Humanities en Bergen (Noruega) o el Center for Computer Analysis of Texts (CCAT) en la University of Pennsylvania. Estos centros sirvieron, además, para empezar a impartir cursos introductorios sobre aspectos relacionados con la disciplina a estudiantes (Schreibman et al., 2004).

A finales de los años 80, había tres programas basados en el sistema operativo DOS para realizar análisis textuales: Word-Cruncher, TACT y MicroOCP. A ellos se unió la ventaja de los ordenadores Macintosh que tenía el programa HyperCard, pues permitía la construcción de documentos hipertextuales. Un ejemplo de ello fue la creación de Beowulf Workstation por Patrick Conner en 1991. Este mismo autor fundó cinco años antes la primera lista de distribución/discusión relativa a las humanidades, Ansaxnet. Poco tiempo después, mientras se seguían celebrando conferencias, Willard McCarty desarrolló la lista Humanist y envió un primer mensaje el 7 de mayo de 1987.

A medida que la disciplina crecía, lo hacía el número de publicaciones al respecto. Si ya en la época anterior asistimos al lanzamiento de revistas académicas, a finales de los años 80 y principios de los 90 se editaron dos volúmenes de Humanities Computing Yearbook. Estas obras, de más de 1000 páginas en total, pretendían reunir una bibliografía de proyectos, programas informáticos y publicaciones. Sin embargo, el gran trabajo que suponía su edición hizo que tan solo salieran a la luz estas dos primeras publicaciones.

También en los últimos años de la década de los ochenta se creó un nuevo método de codificación, el Standard Generalized Markup Language (SGML), publicado por la International Organization for Standardization (ISO) en 1986. Este nuevo lenguaje supuso un gran avance, pues «offered a mechanism for defining a markup scheme that could handle many different types of text, could deal with metadata as well as data, and could represent complex scholarly interpretation as well as the basic structural features of documents» (Schreibman et al., 2004, p. 11).

Fruto de este gran avance, en los años siguientes se empezaron a desarrollar las Directrices para la codificación e intercambio de textos electrónicos de la Text Encoding Initiative (TEI) gracias a la recaudación de un millón de dólares. En mayo de 1994 se publicaron las Directrices TEI, que fueron el primer intento de categorizar y definir todas las características de un texto. En total, se crearon alrededor de 400 codificaciones que eran extensibles a nuevas áreas de aplicación.

Durante estos primeros años de los noventa también se desarrollaron otras tecnologías que permitieron un gran avance no solo en esta disciplina, sino también a nivel global. Son los años del nacimiento de Internet y de la World Wide Web. Ligado a su nacimiento está el desarrollo del nuevo lenguaje de marcado HyperText Markup Language (HTML), que solventaba algunos de los problemas de los códigos anteriores y que finalmente se convierte en el lenguaje de la Web. Estas nuevas tecnologías permitieron que los proyectos pudieran desarrollarse de forma colaborativa y las discusiones entre los académicos aumentaran centrándose en ese momento, sobre todo, en las posibilidades que suponían estos avances en la edición electrónica y en la creación de colecciones de recursos electrónicos y, en consecuencia, de archivos y bibliotecas digitales. Un ejemplo de estos avances es la publicación electrónica dentro del Proyecto Orlando de una History of British Women’s Writing en las Universidades de Alberta y Guelph (Schreibman et al., 2004).

Digital Humanities (desde 1995)

En la segunda mitad de los años noventa comienza a producirse una gran institucionalización de la disciplina. Al nacimiento de centros especializados en los años anteriores se suma la inclusión en los programas académicos de asignaturas específicas sobre las «Humanities Computing». Por ejemplo, el King’s College de Londres oferta un BA Minor en Applied Computing con un gran número de asignaturas humanísticas o la McMaster University de Canadá imparte un BA en Multimedia [5]. Además, las principales organizaciones siguen promoviendo conferencias cada año cuyo contenido gira en torno al lenguaje de marcado y otras cuestiones técnicas.

En los primeros años de los 2000 la investigación en este campo empieza a ser más constante y específica. En 2004 se publica la obra canónica A Companion to Digital Humanities que asigna definitivamente su nombre a la disciplina [6]. Desde entonces, se comienzan a realizar de forma imparable «la digitalización de los archivos, la codificación de documentos y la comparación de bases de datos» (Vinck, 2018) gracias a la Web. Esto provoca que surjan nuevos grupos de investigadores que «producen y ponen a disposición nuevos materiales y análisis» (Vinck, 2018). Se produce, por tanto, un cambio en el desarrollo de la investigación y en la edición digital gracias a las posibilidades de la Web: nuevas tipologías de documentos, formas de anotar los textos, la realización de comentarios específicos, enriquecimientos, actualizaciones, etc. Asimismo, comienzan a desarrollarse otros proyectos no tan ligados al ámbito filológico o textual y los documentos ya no son solo textuales, sino que comienzan a utilizarse productos multimedia. Se desarrollan técnicas ligadas a campos como la arqueología, la historia, el arte, la fotogrametría o los sistemas de información geográfica, o nuevos lenguajes de codificación específicos relacionados con disciplinas como la música y la Music Encoding Initiative (MEI).

Al mismo tiempo que la disciplina crecía en los últimos años de forma exponencial, se publicaron una serie de manifiestos reivindicativos desde un punto de vista conceptual y metodológico en defensa de la disciplina. Entre ellos cabe mencionar los primeros que se publicaron y que son de carácter general:

¿Qué son las Humanidades Digitales?

En el apartado anterior se ha comprobado que el inicio de la historia de las Humanidades Digitales se puede remontar a mediados del siglo pasado. No obstante, también se ha constatado que la evolución de la disciplina ha estado ligada en muchas ocasiones a un nombre concreto que delimitaba su campo (Pons, 2013), pasando del término «Humanities Computing» al actual «Digital Humanities», de una disciplina restringida en un primer momento al ámbito filológico a una aplicable a un campo multidisciplinar.

Este área de conocimiento, por tanto, no ha estado exenta de la problemática de la delimitación conceptual y, por tanto, de qué engloba el término utilizado para nombrarla. En este sentido, las Humanidades Digitales han seguido el mismo recorrido que otros ámbitos pues «la proliferación de nombres es algo habitual a la hora de caracterizar un fenómeno complejo y sólo el paso del tiempo determinará finalmente por decantación cuál de los términos triunfará frente a los otros y acabará por imponerse» (Salvat Martinrey y Serrano Marín, 2011, pp. 21-22). Sin embargo, la problemática de la definición aún sigue estando presente como se puede comprobar por la gran variedad de ellas que se pueden encontrar en la bibliografía [7], algunas similares entre autores y, otras, muy distantes en sus planteamientos.

Definiciones de Humanidades Digitales

Algunos autores abogan por una definición amplia, como se verá más adelante, mientras que otros defenderán que es complicado hacer una definición, como Galina-Russell (2012), y los últimos desecharán cualquier tipo de conceptualización de la disciplina [8]. Entre los autores que defienden que es difícil realizar una definición de la disciplina se puede encontrar a Willard McCarty que, según recogen Alonso-Arévalo y Vázquez-Vázquez (2018, p. 50), expone que

No hay una definición de las Humanidades Digitales si por definición nos referimos a un conjunto coherente de consideraciones teóricas y métodos de investigación que podría alinearse con una disciplina determinada, ya sea ésta una establecida o una de carácter emergente y transdisciplinaria.

Frente a estos autores, los menos, que proponen que no se pueden definir las Humanidades Digitales, hay muchos otros que sí intentan hacerlo. Es el caso, por ejemplo, de los siguientes:

Humanities computing is precisely the automation of every possible analysis of human expression (therefore, it is exquisitely a ‘‘humanistic’’ activity), in the widest sense of the word, from music to the theater, from design and painting to phonetics, but whose nucleus remains the discourse of written texts.

Roberto A. Busa en Schreibman et al. (2004, p. xvi)

Las Humanidades Digitales es un término que engloba este nuevo campo interdisciplinario que busca entender el impacto y la relación de las tecnologías de cómputo en el quehacer de los investigadores en las Humanidades.

(Galina-Russell, 2011, p. 3)

Lo que se ha dado en llamar Humanidades Digitales es el resultado de la evolución operada en el último cuarto de siglo al aplicar el uso de herramientas informáticas y medios de comunicación como Internet a los trabajos habitualmente asociados con las Humanidades para conseguir mejores resultados en la búsqueda, estudio, difusión y preservación de las fuentes primarias y secundarias de nuestros estudios.

(López Poza, 2014, p. 153)

[…] les humanités numériques sont porteuses de nouveaux modes de travail (plus collaboratifs), de nouveaux lieux de pro- duction (des medialabs à parfum de fablab), de nouveaux publics (excédant largement les seuls cercles universitaires).

(Citton, 2015, p. 172)

La IH [9] es la disciplina que estudia la aplicación del modelo computacional propio de la informática a las disciplinas humanísticas, tanto en relación a los resultados de la investigación científica así alcanzables como a las innovaciones metodológicas producidas.

Según Ferrarini en Varela-Pose (2016, p. 62)

The term Digital Humanities has been commonly used to describe the application of computational methods in the arts and humanities for 10 years, since the publication, in 2004, of the Companion to Digital Humanities.

(Terras, 2016, p. 1637)

Las HD son un área multidisciplinaria fruto de la interconexión entre las Ciencias Humanas y la Informática.

(Iribarren Donadeu, 2017, p. 443)

Las humanidades digitales no son sólo una aventura para los literatos apasionados que se se [sic.] sumergen en una serie de herramientas informáticas; son sobre todo un reto para la sociedad en cuanto a la cultura digital y la nueva humanidad que queremos construir.

(Vinck, 2018, sec. 1546)

The use of digital tools to explore humanities questions.

(Posner, 2018)

El término «humanidades digitales» (DH) se refiere a la investigación e instrucción sobre el uso de las tecnologías de la información o de la informática en la investigación y enseñanza de las Humanidades. La aplicación de las tecnologías de nuevas maneras, con nuevas herramientas y metodologías en Humanidades abre nuevas vías en la investigación y producción académica en esta área.

(Alonso-Arévalo y Vázquez-Vázquez, 2018, p. 51)

Por tanto, las Humanidades Digitales se pueden entender, a grandes rasgos, como un campo interdisciplinar en el que convergen las diferentes áreas de las humanidades tradicionales y el uso de las nuevas tecnologías, a partir del nacimiento de la informática, en el desarrollo de los trabajos que se venían haciendo es esas disciplinas tradicionalmente. A partir de esta definición, algunos autores como Sula (2015a), establecen dos corrientes:

  • Teórica: es aquella donde los investigadores reflexionan sobre la aplicación de los métodos, las plataformas y las herramientas en el desempeño humanístico.
  • Práctica: es aquella que utilizan métodos, plataformas y herramientas en el desempeño de la investigación.

Según este mismo autor, se pueden desarrollar nuevas perspectivas que aúnen las dos corrientes anteriores.

Características

Una vez vistas algunas de las definiciones aportadas por los propios autores e investigadores en Humanidades Digitales, ¿cómo caracterizarlas? Bravo Ramón (2016) establece las siguientes características:

  • Confluencia de las disciplinas humanísticas y los recursos digitales,
  • La pluralidad de las humanidades y su transdiciplinariedad,
  • El proceso como protagonista,
  • Necesidad de lo colaborativo,
  • Acceso libre,
  • Transferencia a la sociedad,
  • Vindicación de las humanidades a través de lo digital,
  • Lo comparativo/relacional como eje medular de las Humanidades Digitales.

Por su parte, Varela-Pose (2016) expone cuatro características de las Humanidades Digitales:

  • Son intrínsecamente interdisciplinares,
  • Se centran en la metodología,
  • Hay una necesidades social,
  • Tienen una fundamentación histórica.

Notas

  1. La traducción del término Humanities Computing es Humanidades Informáticas.
  2. La traducción del término Digital Humanities es Humanidades Digitales.
  3. El último periodo comprende hasta el año 2004, pues es cuando se edita la obra.
  4. Las fechas son aproximadas y se corresponden con las recogidas por el propio autor en su obra El desorden digital (2013).
  5. Para conocer más sobre los programas educativos en el ámbito anglosajón en Humanidades Digitales se puede ver el estudio de Sula (2015b).
  6. Según Kirschenbaum (2010), la elección del término “Digital Humanities” por parte de John Unswoth se debe a la siguiente situación: «The real origin of that term [digital humanities] was in conversation with Andrew McNeillie, the original acquiring editor for the Blackwell Companion to Digital Humanities. We started talking with him about that book project in 2001, in April, and by the end of November we’d lined up contributors and were discussing the title, for the contract. Ray [Siemens] wanted “A Companion to Humanities Computing” as that was the term commonly used at that point; the editorial and marketing folks at Blackwell wanted “Companion to Digitized Humanities.” I suggested “Companion to Digital Humanities” to shift the emphasis away from simple digitization».
  7. En el número monográfico «La realidad de las Humanidades Digitales en España y América Latina» de la revista ArtyHum, Revista de Artes y Humanidades se recogen algunas definiciones de varios autores.
  8. Aibar (2018) es muy crítico con el surgimiento de las Humanidades Digitales y su conceptualización.
  9. En Italia el término utilizado para denominar las Humanidades Digitales es Informática Humanística (IH).

Bibliografía

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